Los cuentos aparecen debajo de los dibujos

En un lugar secreto



oy he recordado una vieja historia y quiero compartirla contigo. Una noche, hace mucho tiempo, en que la tristeza me invadía y no podía dormir, cerré los ojos para soñar y soñé despierta. Aquella noche soñé contigo y todavía no te conocía. Te imaginé tal y como eres, porque quería soñar con algo maravilloso, para soñar dormida, con la felicidad que despierta encontraría.

Imaginé alguien con quien compartir mis alegrías cuando llegasen y a quien pedir un consejo cuando mi corazón dudase. Alguien bello y amable que despertara en mí, lindos sentimientos. Que compartiera su felicidad conmigo. Que irradiara alegría con tan solo parpadear y sonriera mucho; mucho, mucho, tal y como yo hago. En mi imaginación apareciste tú, pero me deje llevar por la emoción de todo aquello que creaba y te imaginé incompleta.

Esta tarde al escucharte hablar, cerré los ojos para pensar que era aquello que me falto por imaginarte, y tus palabras me explicaron que era aquello que te faltaba.

En mis sueños vi un hada, un hada como tú, vivaracha, sonriente y dicharachera. Capaz de ver la felicidad en cada gota de rocío, en cada rayito de sol, en el color de una flor ya fuera fresca o marchita. Todo aquel que se cruzaba con ella terminaba contagiado de una gran felicidad. Pero la felicidad de Doly, que así se llamaba el hada de mis sueños, era solo aparente. Y te preguntarás por qué. Pues porque Doly se había empeñado en una gran empresa. Y esa no era otra que encontrar sus alas, unas alas grandes y hermosas que le permitieran volar. Y esa era su imperfección,  por eso estaba inacabada. No hay hada que se precie, sin unas alas grandes en la espalda, que la permitan volar por el cielo. Eso hacía que no pudiera ser del todo feliz.

Cada mañana se levantaba y buscaba como ocupar su tiempo. Se pasaba el día navegando por su ventana en busca de información y nuevos horizontes, regalando trocitos de bienestar, preocupándose más por la felicidad de los demás, que por la suya propia. Doly siempre jugaba. Jugaba a buscar la forma de explicar en imágenes lo que sus palabras no llegaban a decir. Y a decir con palabras lo que las imágenes no expresaban.


De esta forma pasaba el tiempo, a la espera de que así un día, le fueran creciendo alas. Después al llegar la noche, se miraba en el espejo a ver si había llegado el gran día. Pero no encontraba más de un pequeño abultamiento a la altura de sus omóplatos. Así que se acostaba haciendo nuevos planes para el día siguiente.

Había consultado con otras hadas y una tras otra le habían dado la misma respuesta. “Busca en tu interior y encontrarás tus alas”. Después de cada una de esas conversaciones Doly se despertaba con fuerzas renovadas y buscaba metas más inalcanzables y más y más amigos a los que regalar abrazos y sonrisas. Porque si por algo se caracterizaba la lucha de Doly, era por encontrar corazones amigos allá donde ella estuviera.

Con el tiempo había llegado a encontrar una efímera felicidad,…, poniendo color en cada rincón de su bosque. Si estaba apática salía a buscar amigos porque cada vez que se encontraba con una sonrisa,…, más grande se hacía la suya. Y si la cara que veía enfrente estaba triste, ella sacaba sus lápices de colores y allí mismo le dibujaba una gran boca sonriente roja de amor, con unos dientes blancos y puros como el aire de la mañana. Así era feliz. Solo con eso,…, ella era capaz de  alimentar su corazón.

Un día una conejita del bosque, la vio saltando de flor en flor radiante y alegre, derramando sonrisas y cantando canciones optimistas como siempre iba, y le llamó para  darle lo que ella siempre buscó.
-          ¡¡¡Dolyyyy!!!
-          ¡Cócotu! ¡¡Qué alegría de verte!! Hacía tiempo que no sabía de ti y te extrañé.- Solo con eso la pequeña coneja ya esbozó una gran sonrisa. Pues hacía apenas unas horas habían estado juntas, y saber que tan pequeño espacio de tiempo había sido suficiente para que le extrañara tanto, le hizo feliz.
-          Yo también te extrañé a ti- dijo Cócotu y lo dijo de todo corazón, porque era verdad- ¿Querrías venir conmigo a mi lugar secreto? Me gustaría compartirlo contigo.
-          Por supuesto amiguita, es un honor que tu lugar secreto deje de ser secreto,…, por lo menos para mí.- Cócotu sonrió pensando que el hadita bromeaba y ahora entenderás porque.

En el primer cruce de caminos Doly ya se sintió perdida. Caminaron por lugares por donde ella no había pensado ir jamás. Eran totalmente irreconocibles para el pequeño hada. Pero en cada rincón creía reconocer algo que en algún momento de su vida había sido suyo. Entre juegos y carreras llegaron a una amplia explanada iluminada por un radiante sol que caía a plomo sobre un lago tan grande, que Doly no fue capaz de ver por donde se derramaba el agua que escuchaba a lo lejos como una gran cascada. El agua del lago, sin embargo, estaba mansa y reflejaba el cielo como un enorme espejo.
-          ¡Que lindo lugar Cócotu! Tú si que sabes regalarte un momento de relax.
-          ¿Yo? – Preguntó la conejita extrañada.
-          Me encanta, el paraíso en mi imaginación no es muy diferente a este remanso de tranquilidad –dijo mientras se asomaba a la orilla del lago para ver su propio reflejo- mira puedo verme en el lago. Soy mas bella de lo que recordaba.
-          ¡Pues claro! Todos somos más bellos de lo que creemos, solo tenemos que mirar con los ojos de otros para ver nuestra hermosura. Con los ojos de aquellos que no nos juzgan. Tú te estas viendo con los ojos del lago.

En ese momento, Doly retrocedió asustada  cayendo de culo al suelo, como  si hubiera visto un extraño ser mirándole desde el mismo fondo del agua. Pero no dudó ni un instante en volver a asomarse, pues lo que había visto en realidad era lo más bello que jamás vieron sus ojos. Al volverse a reflejar, vio dos alas grandes tras su cabeza. Dos inmensas alas de color verde sedosas como algodón y ligeras como el viento.
 
-          ¡¡¡¡Mira Cócotu!!!! ¡¡¡¡TENGO ALAS!!! –Gritó radiante de felicidad.
-          Siempre tuviste alas. Mil veces las tuviste y mil veces las regalaste al primero que las necesitó.- Doly parecía hipnotizada de ver su propio reflejo en el lago, parecía no escuchar a su pequeña amiga.
-          ¡Tengo alas!  ¡Tengo alas! ¡¡¡¡Tengo ALASSSSS!!!- Cócotu sonreía de ver la inocencia de Doly que veía sus alas por primera vez. El pequeño hada movió sus recién reconocidas extremidades y se levantó del suelo como cualquier hada hubiera hecho. Se elevó más y más mientras gritaba -¡¡¡TENGO AAAALAAAAS!!!- Subió, bajó, y llenó el aire de piruetas y acrobacias imposibles. Derrochó alegría, e iluminó todo a su alrededor de destellos dorados. Cuanto más sonreía más bello le parecía aquel lugar. Bajó al lado de Cócotu, le abrazó y juntas se elevaron del suelo.
-          Doly, ¡¡Doly!! Yo también estoy volando. Me mareo,…, yo no estoy acostumbrada, bájame, bájame ¡¡Doly, ¿te has vuelto loca!!- De regreso al suelo Doly le preguntó curiosa como siempre.
-          ¿Dónde me has traído? ¿Dónde estamos? Quiero recordar siempre este maravilloso lugar, donde descubrí mis alas por primera vez.
-          ¿Pero todavía no lo sabes? ¡¡Estamos en tu corazón!! Todas las hadas te lo dijeron siempre “Busca en tu interior.” Cada vez que quieras encontrar la felicidad solo tienes que llegar a este rinconcito. En él tienes todo lo que necesitas. Pero para eso debes dedicarte un tiempo a ti misma, a aprenderte el camino, a saber que la mayor belleza que tienes está aquí. Yo conocía este lugar de memoria porque desde que te conocí, tú guardaste un espacio para mí en tu corazón. Eso sólo lo sabemos tú y yo, y por eso es mi lugar secreto, porque aquí solo tú puedes encontrarme.

Doly, eso me lo enseñaste tú. Tú eres y serás el hada de mi imaginación. Busca en tu interior y verás que nada ni nadie será capaz de destruir lo que en tú interior guardas. Ayer tal vez lloviera sobre el agua del lago, pero tu harás que vuelva a brillar un sol inmenso. No permitas que nadie, ni yo misma te impida diluir los colores de ese valle. Mi fábula es otra pero también quiero vivir un cuento de hadas, por eso sigo volviendo de vez en cuando a mi lugar secreto.






Dedicado a la hadita que en ti imaginé
Dedicado a esa amiga que me guarda un huequito
 en “mi lugar secreto”.
Te lo dedico a  ti.


4 comentarios:

Nuria L. Yágüez dijo...

Este cuento me lo inspiró un hadita que conocí un día y que a fuerza de dar sus alas perdió la esencia de hada. Me consta que hoy las ha vuelto a encontrar y solo quisiera decirle que las guarde para si misma, porque así las verán todos cuando la miren. Hasta ella misma.

Anónimo dijo...

bonito viaje al interior,aunque en la vida real sea algo más dificil llegar quiza porque tengamos miedo de guardar a nuestros amigos en nuestro corazon sin darnos cuenta que asi nadie puede ayudarnos a encontrar nuestro más preciado tesoro, nosotros mismos, gracias nuria por tus enseñanzas, maria lo

Anónimo dijo...

mE GUStan muchos las hadas y el cuento tambien

María José dijo...

Gracias Nuria por tu comentario. La verdad es que es un honor para mí también poder contar con esos maravillosos recursos que nos brindas para como tú muy bien dices "hacer la vida para los niños" más fácil y más comprensible. No dudes que los usaré con mi hija y con todos aquellos con quienes lo necesite.
Ya he leído unos cuantos y cada vez me maravillo más. Éste es precioso, como precioso es ese lugar secreto que (aunque a veces lo dudemos) todos tenemos en nuestro corazón.

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