Hace muchos años en un bosque grande, donde había tantos árboles que la luz del sol no llegaba al suelo, vivía un joven aprendiz de búho. El búho Don Mateo había sido como un padre para todos los animales de la comunidad. Pero en realidad sólo era padre del joven Esteban, aprendiz de búho. Don Mateo pasó muchos años en el rango de aprendiz de búho donde ahora se encontraba su hijo, y jamás se atrevió a protestar por nada.
- Un momento, para, para, para.
- Quien eres tú.
- Soy la niña que está leyendo este cuento. Y no me gusta, yo quiero un cuento de princesas.
- ¿Princesas? En este cuento no aparecen princesas.
- Pues entonces no me gustará. Yo quiero un cuento de princesas
- De acuerdo, te contaré un cuento de princesas.
Sin embargo, continuaba el cuento, Carlota la joven princesa era inquieta y ambiciosa, tanto que en ocasiones le había traído problemas. Pues todos los habitantes sabían donde encontrar al rey cuando tenían una dificultad, pero la joven Carlota siempre estaba volando por las escarpadas lomas cuando se le necesitaba.
- Un momento, para otra vez. ¿Una princesa que vuela? Eso no es creíble.
- Claro es que mi cuento era de un búho y los búhos si vuelan.
- Hoy no me apetece un cuento de búhos, hoy quiero un cuento de princesas.
- Un cuento de princesas,…, y que no vuelen,…, princesas,…, y que no vuelen.
- ¡Exacto! Princesas y que no vuelen.
- Pero mi búho volaba y volaba porque quería ser el más rápido.
- Recuerda, princesas y que no vuelen. No suspires. Podría ser así,…, ella quiere ser la más guapa y no para de mirarse en un espejo.
- Ya. ¿Y no me irás a decir que el espejo es mágico y le dice que ella es la más bella del reino?
- No sencillamente, se mira en el espejo y sus padres se enfadan con ella. Y habrá un príncipe que la bese al atardecer.
- Deja que piense. Intentemos algo.
- Carlota, eres una princesa y como princesa debes comportarte.- Le dijo su padre un día.
- Pero papá, estoy harta de estar aquí. Déjame que salga del palacio para que todos puedan observar mi belleza.
- Esta noche iremos a un baile y allí podrán observarte. Pero tu sola no debes salir. Hay muchos peligros allá fuera que desconoces.
- ¿Peligros? Todo el mundo me respeta porque saben que soy tu hija. Quiero ser la princesa más hermosa y para eso tengo que ver cual es la moda que se lleva ahora. Porfa papá.- Insistía con la terquedad de una mula.
- Escucha Carlota, cada persona tiene sus limitaciones y debe saber adaptar su vida a ellas.
- Ya, y las mías son ser paciente y aprender a solucionar los problemas de los demás ¿No?
- Por supuesto. Esas son tus obligaciones y tu limitación, ahora mismo, está en los muros del palacio, mandaré venir a las modistas más afamadas para que te llenen el ropero de lindos vestidos.- Dijo Mateo con dulzura tratando de tranquilizar la ansiedad de su hija.
- ¡Pues estoy harta! Una princesa ha de ser bella para gustar a los príncipes, no inteligente. Que cada cual se solucionen sus problemas.
- No Carlota, la vida no es así. Debes asumir el papel que la vida te ha dado. Un rey ha de solucionar los problemas del reino, una reina los del rey. Si no eres sabia e inteligente ningún príncipe querrá casarse contigo.
- Soy una mujer y mi papel es ser bella, y mas bella, y mas, y mas, y mas.- dijo la princesa dando vueltas sobre si misma luciendo su hermoso vestido nuevo.
- Si pero además de mujer eres princesa, y las princesas son personas sabias y por eso servimos a nuestra comunidad,...,
- Pero ,...,- trato de interrumpir la princesa sin escuchar lo que decía pero el rey siguió hablando.
- Mírate aún eres joven y ahora lo que mejor haces es dejar volar tu imaginación, pero con el tiempo llegarán a ti tus otras cualidades. Debes tener paciencia. La belleza algún día dejará de visitarte cada mañana, olvidará el camino a tu casa, pero la sabiduría no te dejará nunca.
- Por eso, ahora que soy bella necesito que todos me vean. No quiero ser inteligente, ni paciente, ni sabia, ni siquiera princesa. ¡Con ser bella ya podría conseguir un príncipe! Que pasará si el príncipe ve antes a una lacaya y se casa con ella.
- Que no será inteligente, y por lo tanto, no te merecerá. Escucha deja que te cuente una historia que un cuentacuentos me contó una vez. Tal vez podamos aplicarla a tus ansias de salir del castillo.- Carlota ansiosa intentó echar a correr para salir del castillo pero su padre la retuvo.
- Ya, y que historia será esta vez la del árbol orgulloso, la de la niña que lloraba por su muñeca.
- La niña no lloraba, era la muñeca. Pero no, no es esa, es una historia nueva que jamás te he contado.- Dijo el rey Mateo sin enfadarse, con la tranquilidad que los años le habían concedido.- Cerca de la laguna que forma el remanso del río, hace algunos años vivía un mosquito, llamado el mosquito To.
- ¿Un mosquito?- Se oyó decir.
- ¿Y tú quién eres?
- - Soy el niño que lee el cuento. Pasé por alto lo de la princesa, pasé lo de ser la más bella, pero ¿lo del mosquito?
- Entiendo que te extrañe. Es que este cuento iba de un búho y un mosquito que quieren ser los más rápidos volando.
- ¿Un búho y un mosquito? ¡Vaya personajes! Yo quiero un cuento de monstruos.
- Pero este es un cuento es de princesas, no de monstruos. No pueden aparecer monstruos.
- Pues entonces no me gustará.
- Niños, niñas, princesas, monstruos. ¡Este no es el cuento que yo iba a contar! Pero,…, a ver,…, déjame que piense. Vale habrá un monstruo.
- Había un monstruo. Un monstruo peludo, rojo, con una cara por delante y otra por detrás para que nadie le atacara por la espalda. Era el monstruo más feo que nadie había conocido nunca, pero él, como nunca había visto otro monstruo pensaba que era bello. Su cuerpo era grande y musculado pero el interior de su cabeza era tan pequeña como una nuez y no le cabía mucha inteligencia. El caso es que Cecilio, que así se hacía llamar nunca había escuchado las lecciones de sus mayores.- Carlota, la joven princesa iba a protestar, pero eso le gustaba y empezó a prestar la atención que las historias de su padre merecían.
>> Una tarde Cecilio, salió de su casa dispuesto a demostrarle a todo el mundo que él era el monstruo más bello del bosque. Primero se encontró con la tortuga Comelechuga.
El amor de una madre
El inmenso amor de mama gallina
En una noche de tormenta, tan intensa que ni los animales de la granja podían salir a buscar sus alimentos, todos se reunieron alrededor de las vacas para recibir su calor. Mientras ellas respiraban todos se calentaban con su aliento, pero para que permanecieran tranquilas debían amenizarles con suculentas historias, de lo que en la granja sucedía. Y cuando las conversaciones perdían interés, las vacas se incomodaban y a cada movimiento todos salían despavoridos a buscar otro cobijo por miedo a morir aplastados.
Esa noche, que ahora quiero mencionaros, las conversaciones se movían entre los coqueteos de la nueva oca ante los patos que hacía que las patas la odiaran hasta el punto de querer convertirla en paté; el brioso crecimiento de los potrillos de la yegua mayor, que no paraban de hacer cabriolas en el aire como locos, haciendo la delicia de todas las madres; y como, ahora, el gallo Kiriquillo cantaba como nunca antes lo había hecho y había conseguido además, ser feliz.
El tiempo había pasado rápidamente entre tanta conversación y ahora la mayoría de los animales habían empezado a aquietarse y llevados por el calorcito empezaban a quedarse dormidos, cuando la vaca Paca prestó atención a la conversación de tres gallinas. Comentaban acaloradamente cual de las tres era mas eficientes con la educación de sus pequeños.
- Yo, siempre tengo a mi pequeño pollito debajo del ala.- dijo la primera gallina- Le doy todo lo que necesita, para que no tenga que exponerse a los enormes peligros de la vida. El no necesita ir a picotear entre las piedras en busca de gusanitos, porque podía ser pisado por las altas yeguas. No necesita ir a beber al abrevadero pues podría desaparecer entre las fauces de los hambrientos cerdos. Y acabaré diciendo que el no necesita nada, absolutamente nada, que yo no pueda ofrecerle. Así me aseguraré que llegue sano y feliz a la edad adulta.- Hizo un gesto inflando su buche y agregó- Y se que no me equivoco.
- No comparto tu opinión – aseveró la segunda gallina- llegará un momento en que tu no estés a su lado y entonces el no sabrá valerse por si mismo. Yo, por el contrario pienso que cada cual debe ser un ser independiente por eso desde que mis pollitos salieron del cascaron, le dejé solos en la granja para que aprendieran a buscar ellos mismos su propio alimento, que salieran por si solos de los problemas que la vida les ponga y además no solo he conseguido que sean independientes para conseguir sus necesidades, además han aprendido a no necesitar nunca de nadie emocionalmente. ¿O acaso les habéis visto alguna vez acercarse a algún animal de la granja? – ahuecó las alas orgullosamente y añadió- Por eso puedo asegurar que la que está en lo cierto soy yo.
- ¿Y tu?- le dijo la primera gallina; a la que pacientemente había estado escuchando.- ¿Y tú que opinas? Dinos! ¿cual de las dos tiene razón?, dinos cual de las dos conseguirá que su pequeño retoño llegue sano y feliz a la edad adulta.
- Yo, no se que será lo mejor. – dijo pacientemente la gallina Angelina, con la tranquilidad que da la sabiduría.- Yo nunca me pregunté como debía educar a mis tres pequeños.
- Yo os lo voy a decir - dijo la vaca Paca. Ella les animó a que buscaran su alimento, y los observó de cerca hasta que lo hicieron por si solos, esquivando las largas patas de las yeguas y las bocas de los cerdos. Les escuchó, cuando algo les preocupó y les invitó a que buscaran la respuesta en su corazón. No se la dio ella, pues sabía que la mejor respuesta habita siempre en tu interior y la debes encontrar tu solo. Unas veces sus pequeños se equivocaron y ella siempre le apoyó en el acierto o en la equivocación. Y les escuchó sus consejos cuando la equivocada fue ella, pues se permitía con amor reconocerse equivocada cuando lo estaba.
- No se si lo hice bien o mal – apuntó Angelina - ellos volaron cuando necesitaron volar y volvieron cuando alguno de nosotros, necesito del otro.
- ¿Y tu porque estás tan segura que eso es lo mejor? –Preguntó enojada una de las orgullosas gallinas a la entrometida vaca.
- Yo no lo digo, lo deduje de la conversación que tenían vuestros propios pollitos al otro lado de mi enorme barriga. Al preguntarse que era lo que más deseaban. Tu pequeño retoño dijo, quisiera poder tener las alas de un cisne para volar lejos, muy lejos, donde nadie me vigile. El segundo dijo, yo desearía ser huevo otra vez, para tener siempre el calor de mi madre y no tener tanta responsabilidad sobre mi pequeña espalda. La pequeña hija de Angelina, dijo que su mayor deseo seria, que su madre supiese, cuanto valoraba todo lo que había hecho por ella y sus hermanos, sin que ella le diera importancia. Deseaba que supiera cuanto había aprendido de su madre en la vida y que se había convertido en el mejor espejo donde verse reflejada. Y que aunque no fuese capaz de decírselo con palabras, deseaba que algún día ella lo supiera, de alguna forma, de algún modo.
Dedicado a Angelina la mama gallina
Dedicado a ti mama, y a todas las mamás
En el día de la madre
Porque mi mayor deseo es que sepas
Lo que siento por ti
Cuento creado por : Nuria López Yágüez
Esa noche, que ahora quiero mencionaros, las conversaciones se movían entre los coqueteos de la nueva oca ante los patos que hacía que las patas la odiaran hasta el punto de querer convertirla en paté; el brioso crecimiento de los potrillos de la yegua mayor, que no paraban de hacer cabriolas en el aire como locos, haciendo la delicia de todas las madres; y como, ahora, el gallo Kiriquillo cantaba como nunca antes lo había hecho y había conseguido además, ser feliz.
El tiempo había pasado rápidamente entre tanta conversación y ahora la mayoría de los animales habían empezado a aquietarse y llevados por el calorcito empezaban a quedarse dormidos, cuando la vaca Paca prestó atención a la conversación de tres gallinas. Comentaban acaloradamente cual de las tres era mas eficientes con la educación de sus pequeños.
- Yo, siempre tengo a mi pequeño pollito debajo del ala.- dijo la primera gallina- Le doy todo lo que necesita, para que no tenga que exponerse a los enormes peligros de la vida. El no necesita ir a picotear entre las piedras en busca de gusanitos, porque podía ser pisado por las altas yeguas. No necesita ir a beber al abrevadero pues podría desaparecer entre las fauces de los hambrientos cerdos. Y acabaré diciendo que el no necesita nada, absolutamente nada, que yo no pueda ofrecerle. Así me aseguraré que llegue sano y feliz a la edad adulta.- Hizo un gesto inflando su buche y agregó- Y se que no me equivoco.
- No comparto tu opinión – aseveró la segunda gallina- llegará un momento en que tu no estés a su lado y entonces el no sabrá valerse por si mismo. Yo, por el contrario pienso que cada cual debe ser un ser independiente por eso desde que mis pollitos salieron del cascaron, le dejé solos en la granja para que aprendieran a buscar ellos mismos su propio alimento, que salieran por si solos de los problemas que la vida les ponga y además no solo he conseguido que sean independientes para conseguir sus necesidades, además han aprendido a no necesitar nunca de nadie emocionalmente. ¿O acaso les habéis visto alguna vez acercarse a algún animal de la granja? – ahuecó las alas orgullosamente y añadió- Por eso puedo asegurar que la que está en lo cierto soy yo.
- ¿Y tu?- le dijo la primera gallina; a la que pacientemente había estado escuchando.- ¿Y tú que opinas? Dinos! ¿cual de las dos tiene razón?, dinos cual de las dos conseguirá que su pequeño retoño llegue sano y feliz a la edad adulta.
- Yo, no se que será lo mejor. – dijo pacientemente la gallina Angelina, con la tranquilidad que da la sabiduría.- Yo nunca me pregunté como debía educar a mis tres pequeños.
- Yo os lo voy a decir - dijo la vaca Paca. Ella les animó a que buscaran su alimento, y los observó de cerca hasta que lo hicieron por si solos, esquivando las largas patas de las yeguas y las bocas de los cerdos. Les escuchó, cuando algo les preocupó y les invitó a que buscaran la respuesta en su corazón. No se la dio ella, pues sabía que la mejor respuesta habita siempre en tu interior y la debes encontrar tu solo. Unas veces sus pequeños se equivocaron y ella siempre le apoyó en el acierto o en la equivocación. Y les escuchó sus consejos cuando la equivocada fue ella, pues se permitía con amor reconocerse equivocada cuando lo estaba.
- No se si lo hice bien o mal – apuntó Angelina - ellos volaron cuando necesitaron volar y volvieron cuando alguno de nosotros, necesito del otro.
- ¿Y tu porque estás tan segura que eso es lo mejor? –Preguntó enojada una de las orgullosas gallinas a la entrometida vaca.
- Yo no lo digo, lo deduje de la conversación que tenían vuestros propios pollitos al otro lado de mi enorme barriga. Al preguntarse que era lo que más deseaban. Tu pequeño retoño dijo, quisiera poder tener las alas de un cisne para volar lejos, muy lejos, donde nadie me vigile. El segundo dijo, yo desearía ser huevo otra vez, para tener siempre el calor de mi madre y no tener tanta responsabilidad sobre mi pequeña espalda. La pequeña hija de Angelina, dijo que su mayor deseo seria, que su madre supiese, cuanto valoraba todo lo que había hecho por ella y sus hermanos, sin que ella le diera importancia. Deseaba que supiera cuanto había aprendido de su madre en la vida y que se había convertido en el mejor espejo donde verse reflejada. Y que aunque no fuese capaz de decírselo con palabras, deseaba que algún día ella lo supiera, de alguna forma, de algún modo.
Dedicado a Angelina la mama gallina
Dedicado a ti mama, y a todas las mamás
En el día de la madre
Porque mi mayor deseo es que sepas
Lo que siento por ti
Cuento creado por : Nuria López Yágüez
PACO EL PEQUEÑO PICO PICAPINOS
rase esta vez, esta vez que te cuento,
que a punto estuvo de desaparecer mi mundo,
si no hubiera llegado a tiempo,
la solución a un feo asunto
sobre un pajarillo muerto.
Yo, el viento, había estado soplando todo el día, pero cuando oí que el búho real empezaba a contar un cuento me apacigüé a su lado como el resto de animales que allí estaban. Contaba en aquella ocasión, como cada animal, cada planta, cada ser vivo tiene su sitio en el bosque, y como debe respetar y ser respetado por los que viven a su lado.
Como el animal más sabio del bosque, el gran búho real conocía infinidad de historias que narraba amablemente al resto de animales para que los más pequeños pudieran comprender con facilidad, lo que él trataba de enseñarles. En aquella ocasión relataba un cuento sobre un árbol egoísta y arrogante que vivía sin respetar a nadie y cómo aprendió a considerar al resto de habitantes de la selva como iguales. Pero este es otro cuento y te lo contaré en otro momento. Entonces apareció una pajarita e interrumpió la magia de aquel instante.
Como el animal más sabio del bosque, el gran búho real conocía infinidad de historias que narraba amablemente al resto de animales para que los más pequeños pudieran comprender con facilidad, lo que él trataba de enseñarles. En aquella ocasión relataba un cuento sobre un árbol egoísta y arrogante que vivía sin respetar a nadie y cómo aprendió a considerar al resto de habitantes de la selva como iguales. Pero este es otro cuento y te lo contaré en otro momento. Entonces apareció una pajarita e interrumpió la magia de aquel instante.- ¿Qué ocurre señora pájara?-
preguntó el búho intrigado,
que solo con ver su cara,
supo que algo había pasado.
- Que la zorra se comió mi cría
que nació hace solo veinte días.
- Yo no fui- interrumpió la zorra malhumorada-
aunque de buena gana me la hubiera comido,
pero por más saltos que di,
no pude alcanzar el nido.
que tan alto estaba puesto,
que no llegué,…, aunque hubiera querido.
- ¿Y porqué piensa que fue la zorra,
la que destrozó su morada?-
Preguntó el sabio búho
a la madre desconsolada.
- Porque ella rondaba el nido,
con hambre de varios días,
y cuando llegué con el almuerzo
ya no estaba allí mi cría.
- ¿Pero tiene alguna prueba
que la haga pensar,
que fue la golosa zorra
y no otro animal?
- Yo no pude ver nada,
supongo que estaba de camino,
cuando se comieron a mi Paco.-
Dijo la pico picapinos.
- ¿Y usted? ¿Vio algo anormal?-
Le pregunto el sabio búho al otro animal.
- Tantos y tantos saltos di,
tratando de buscar mi comida,
que por el cansancio y por el hambre,
al final me quedé dormida,
y cuando desperté no había ni rastro
del ave desaparecida.
Nos costó mucho llegar hasta aquí,-
gruñó la zorra de los nervios presa.-
pues ha crecido tanto el río,
que ha inundado el monte y llega hasta la dehesa.
El búho guardó silencio pues tenía mucho en lo que pensar. Creía a la pobre zorra pues podía verse que estaba hambrienta, y no había ninguna pista clara que pudiera culparla. Como siempre que había problemas los animales del bosque acudían a él, pues era el único capaz de investigar y llegar a comprender todo lo que allí pasaba. Pero ahora eran dos problemas los que se le planteaban. Uno, averiguar quién se habría comido al joven Paco y el otro descubrir por qué había crecido tanto el río, pues no era época de lluvias y no tenía por que hacerlo. Pensó y pensó hasta que algo le hizo suponer que si encontraba la causa de la crecida del río, daría también con el pequeño pico picapinos. Así que al llegar la noche mientras todos dormían, salió a volar alejándose de los altos roquedos. Voló hasta el nido del halcón peregrino y le preguntó si sabía de donde salía, todo aquel agua que se veía en la lejanía.
- Yo no se nada,
aunque ayudarte quisiera,
quizás debas preguntarle
a algún animal de la rivera.
La libélula tampoco sabía nada, pues decía que ella no solía alejarse mucho de la orilla del río. Entonces fueron a preguntar a la carpa, pues sabía que ella recorría las aguas del río varias veces al día y suponía que sabría algo más. La carpa al ver llegar a la libélula abrió la boca con malas intenciones y ésta se asustó. Pero como el búho la había enseñado eludió el peligro diciendo.
- Si eres inteligente,
no me comerás,
pues por llenar la barriga hoy
mañana desaparecerás.
- ¿Cómo que desapareceré?,
Cuantas más libélulas coma
más gorda estaré.
- Si las aguas siguen creciendo,
el bosque se inundará,
y tú, como parte del bosque
muerta estarás.
Eso no le gustó nada a la carpa, pues tenía razón, si el bosque se inundaba en poco tiempo desaparecería todo el alimento y sus días estarían contados. Así que trató de ayudarlos. Explicó que algo había oído, pero era tan solo un rumor y como rumor que era le había dejado correr como al agua del rio. No obstante les ayudaría a llegar a la isla de los cormoranes, pues sospechaba que ellos sabrían algo más.
- Yo no puedo alejarme tanto,-
dijo la libélula con pena-
solos iréis más rápido,
yo más que una ayuda, sería un problema.
- Muchas gracias libélula.-
dijo el búho agradecido,
ha sido inestimable,
la ayuda que al bosque ha ofrecido.
Así se separaron los tres animales, la libélula volvió a sobrevolar su orilla, mientras que la carpa y el búho real nadaron río abajo. Llegaron rápidamente y en silencio hasta la presa donde detuvieron su camino. Como la carpa no podía pasar de allí, le explicó al búho que un poco más abajo podría encontrar un barbo dorado. Antes de construir la presa y separar así sus vidas para siempre, fueron muy amigos. La carpa le aseguró que el barbo estaría dispuesto a ayudarle.
- Muchas gracias señora carpa,
no sabe cuanto me ha ayudado.
El bosque le tendrá gran estima
por lo bien que se ha portado.
El búho encontró al barbo justo donde la carpa dijo y tal y como ella supuso estaba dispuesto a ayudar. El barbo le llevó por algunos sitios para que el búho viera lo que el río había crecido, y este se preocupó de que lo hubiera hecho tanto.
Antes de llegar a la isla de los cormoranes pudo deducir cual era, pues en un pequeño islote, un grupo de pájaros negros descansaba con sus alas abiertas al incipiente sol de la mañana. Al llegar el barbo hicieron intención de comérselo pero el pez las disuadió con sus aprendidas palabras.
- Si sois inteligentes
no me comeréis,
pues por llenar la barriga un día,
muertos estaréis,
porque cuando el agua os impida posar el vuelo,
de cansancio os ahogaréis.
Los negros pájaros comprendieron y le escucharon algo más relajados. Cuando el búho les preguntó, no supieron decirle si el rumor era cierto o no. Era algo que habían oído, pero no daban crédito a la historia de un león en el parque. Allí nunca había habido leones. Le explicaron que en un cerro cercano podría encontrar al águila culebrera y ella sabría algo más acerca del rumor.
- Quiero darle las gracias señor barbo,
mi agradecimiento más sincero,
por haberme ayudado a mi,
a su entorno y al bosque entero.
- Aunque no haga falta decirlo,
su agradecimiento es bien recibido,
que tenga suerte y encuentre,
al pico picapinos desaparecido.
Allí y así se despidieron el barbo y el búho real. Y éste, acompañado de un joven cormorán, partió en busca del águila culebrera. La encontraron antes de lo que esperaban, siguiendo a unos senderistas. Al encontrarse, el búho le contó la historia tomándose un descanso mientras observaban la belleza de los roquedos del Salto del Gitano. El águila culebrera le contó que algo de eso había oído.
- Un humano se compró un león,
y cuando creció más que su valor,
vino al parque y le soltó.
El pobre es malo como un diablo
aunque no se porqué,
seguro que la culebra bastarda,
sabe algo más de él.
Cuando el búho hubo tomado un poco de resuello siguieron su vuelo en busca de la culebra, que a punto había estado de comerse unos días atrás. Al verlos la culebra se quedó paralizada de miedo. Pero el águila trató de tranquilizarla con suaves palabras.
- Como soy inteligente,
no te comeré,
pues por llenar la barriga hoy,
mañana me ahogaré.
La culebra bastarda comprendió enseguida que no corría peligro y por una vez habló de tú a tú con el águila que a punto había estado de comérsela y con el búho que seguro lo habría hecho de buena gana. El búho le contó la historia y ella le dijo que estaba en lo cierto. El río no dejaba de crecer por las lágrimas que un león lloraba. Se encontraba perdido y solo y tan deprimido estaba que hacía varios días que no comía, no dormía y ni siquiera rugía. Pero la culebra también lamentaba no saber nada de Paco.
- ¿Sabes donde vive la fiera esa?
- Más allá de la dehesa.
- Si me llevas hasta él, quizás podría ayudar al león.
- Pero yo no se donde vive, se lo oí contar al lirón.
- Vamos a verle entonces,
¿Sabrás decirnos donde mora?
Estoy deseando solucionarlo
de una ver por todas.
- Ánimo sabio búho,
vamos entonces a verle,
pero debemos ir con cuidado
y aunque esté apetitoso, no comerle.
Esta vez el águila acompañó al búho y a la culebra, pues al volar ella tan alto quizás viera más fácilmente al lirón. Sobrevolaron varias veces el Castillo y sus cercanías, pero no había ni rastro. El pequeño roedor era escurridizo y desconfiado, por lo que tardaron mucho en dar con él. Cuando el lirón se encontró sin escapatoria, horrorizado de ver al amenazante trío, se tiró de espaldas al suelo haciéndose el muerto. Pero el búho acercándose a él le dijo con voz dulce.
- ¿No ves que somos inteligentes?
Todavía no te hemos comido
Venimos desde muy lejos,
en busca del león perdido.
Necesitamos hablar con él,
para ver que le ha ocurrido.
Y si podemos hacer algo
para que no esté tan deprimido.
Que todos tenemos cabida en el bosque,
fieras, amables, sanos o tullidos.
Pues Dios nos juntó a todos,
para que viviéramos siempre unidos.
Al oír el discurso del búho, el lirón abrió su pequeño ojito, después levantó la cabeza y viendo la cara de bondad del búho se animó a ponerse en pie. Se llevó la mano al pecho, sintiendo como bombazos los latidos de su pequeño corazoncito y en un suspiro dijo.
- ¡Qué susto me habéis dado,
creía que ibais a comerme.
Yo se donde vive ese león
y si es necesario, os llevaré a verle.
¡Qué iluso! Pensó el águila culebrera, pues viendo su pequeño tamaño, pensó que no habrían tenido ni para ir abriendo pico. Pero en vez de reírse de él acordaron que descansarían un rato y con el primer sol de la mañana saldrían en busca del león. El extraño grupo estuvo mucho tiempo hablando de los peligros que el encuentro conllevaría. Jacinta, la señora del lirón, les suplicó que no fueran a verle, y le recordó que su joven hijo todavía necesitaba de su padre. Entonces el búho contó la triste historia de Paco el pequeño pico picapinos y sus sospechas de que el león tuviera algo que ver en ese feo asunto. El lirón dijo que creía haberle oído. Llevaba unos días escuchando golpecitos, como los que da ese pájaro en las cortezas de los árboles, sin embargo no sabían de donde venían, y ni siquiera había visto a Paco.
- Compréndelo Jacinta,
deben ser ayudados,
mañana podría ser nuestro hijo,
el que desapareciera de nuestro lado.
Cuando se pusieron en camino no tardaron en dar con él, pues las lamentaciones del león podían oírse desde lejos. Cuanto más se acercaban a su guarida, más nítido se hacían lo golpecitos de los que habló el lirón. Ya desde lejos el búho comprendió todo, pero no era animal que gustase adelantar acontecimientos, así que esperó a encontrar al león. Cuando llegaron a la explanada donde el león estaba y este pudo verlos, lazó un fiero rugido sin abrir siquiera la boca que detuvo al lirón en seco. Así que el pequeño roedor muerto de miedo decidió esperar allí, por si tenía que ir a pedir ayuda. El águila culebrera y el búho real siguieron acercándose más para hablar con él.
A unos cien metros de donde se detuvo el lirón el león dio un zarpazo al aire y sus enormes garras brillaron por el efecto del sol. El águila pensó que si eso eran sus garras, sus dientes parecerían puntas de lanzas afiladas.
- Yo esperaré aquí
por si hubiera que ir a pedir ayuda,
que no me fío del lirón,
y menos de esa fiera peluda.
El búho siguió acercándose solo, muy lentamente, hasta que estuvo a sólo un metro del león. Necesitó sacar todo el valor que tenía bajo sus plumas, y ya que estaba allí, respiró hondo y trató de que no le temblara la voz cuando dijo.
- ¿Queeeé te ocurre leoncito,
noooo tienes muy buena cara?.-
Pero por más que dijo
no consiguió que el león hablara.
Los golpes seguían sonando y cuanto más sonaban más cerraba el león los ojos, se revolcaba por la hierba seca y rugía malhumorado.
- Quizás no te entienda,
por no ser de aquí el animal,
háblale por señas,
que ese lenguaje es internacional.
El búho sabía que el león le había entendido pero lo que el águila había gritado ayudó al león a explicarse y por señas habló.
- No estoy triste, como te han contado,
ni tampoco deprimido,
es que tengo un dolor de muelas,
que me tiene desolado
y va a poder conmigo.
- Déjame que las mire.-
Y negó el león con la cabeza,-
¡Anda! no seas tonto,
yo tengo gran destreza,
que trabajé durante años
de dentista para la realeza.
Seguro que está picada,
y con un poco de cuidado
en dos días curada.
Ante la insistente negativa del león, el sabio búho fue a hablar con el águila y le dio señas precisas de lo que necesitaba. El águila voló en busca de los buitres para que fueran a llamar a todos los animales del parque. Había que tramar un plan. Se pusieron todos manos a la obra y este no tardó en llegar y con él, lo que el búho había pedido.
- ¿Ves ese espejo que sujeta el elanio azul?
si no te fías de mi, abre la boca y míratela tu.
El león volvió a negarse. Volvieron los golpecitos y con un rugido, el felino alejó varios metros a todos los animales que se habían acercado al ver la escena. Se sentía grande y temido. Eso le gustaba. Pero la curiosidad le pudo y se acercó al cuadro de madera que sujetaba el espejo. No abriría la boca. Sólo deseaba ver su fiero aspecto para reafirmar su autoestima. Al asomarse, vio un pequeño gatito sorprendido de verse. Estaba escuálido, sus enormes ojos reflejaban sorpresa, se le notaban las costillas y su pelo, antes fuerte y brillante, lucía ahora lacio y sucio. Su boca se fue aflojando lentamente y por el asombro, su mandíbula inferior fue cayendo hasta tocarse el pecho.
En un descuido Paco apareció volando entre la oscuridad que albergaban las enormes fauces del león.
- Oh! Paco no ha muerto, era el quien daba,
los golpecitos que sonaban.
Todos los animales se sorprendieron pues aún no habían comprendido lo que el búho sabía desde hacía mucho tiempo. Paco salió volando asustado y no paró hasta que se encontró a salvo bajo las alas de su madre.
De vuelta en los roquedos, con el león recogido en un zoo y la calma restablecida en el parque, el águila culebrera le preguntó curioso al león.
- ¿Por qué supiste que viendo
al gato que habíamos pintado,
el león abriría la boca,
perdiendo así su bocado?
- Porque por mucho que dijera la lirona Jacinta,
no es tan fiero el león como lo pintan.
Mi amigo, mi rey mago
n año más la navidad había llegado a todos los hogares, pero no en todos lo hogares se celebraba de la misma forma. Noelia y su familia ese año habían decidido celebrarlo en la casita que tenían en el campo. Llevaba varios días nevando y el paisaje era la más bella imagen navideña. Era un pueblo pequeñito, en la falda de una montaña, donde el padre de Noelia había pasado su infancia.Noelia se había levantado muy temprano, había escrito la carta a los reyes y esperaba impaciente poder echarla al correo. Era tan temprano todavía, que el sol aun no había derretido la nieve que había dejado la noche. El aire soplaba entre las chimeneas haciéndolas silbar. En la calle hacía un frío intenso, pero en su casita se estaba bien. Noelia había crecido mucho en los últimos meses y sus ojos llegaban ya a la altura de la ventana. Se asomó y vio la calle vacía. Siguió con la mirada la hilera de casas blancas con tejados rojos. Todas eran iguales, con el mismo jardincito por delante y el mismo patio por detrás. Al final de la urbanización, una calle se cruzaba con la suya. Y un par de manzanas más allá, estaba esperando el buzón de correos. Aunque todas las casa eran iguales, el camino era sencillo y sabía que sería capaz de llegar, echar la carta y regresar antes de que sus padres se levantaran. De modo que se puso en camino.
Fue a su cuarto y se puso las botas, se ajustó su gorro y los guantes de lana, se anudó la bufanda y muy silenciosamente salió de casa. Al salir afuera, el viento la empujó con violencia, pero ella no se asustaba ante nada, así que agachó la cabeza, y siguió caminando. La misión que debía cumplir era fácil. Llegó al cruce con la primera calle y desde la esquina vio el buzón. Para acordarse de como volver a casa se quitó el guante de la mano derecha. Pues era el lado hacia el que giró al llegar al cruce de calles. Caminó con dificultad por que la nieve estaba helada y a veces se escurría. Al llegar al buzón, sacó la carta del bolsillo de su abrigo y se aseguró que caía dentro.
- Ya sabía yo que podría hacerlo. Ha sido tarea fácil.- Se dijo a si misma.
En la siguiente esquina las luces de un árbol de navidad brillaban y parpadeaban insistentemente. Noelia las miró con detenimiento, pero el árbol, era tan alto, que no podía ver la estrella de la picorota. Volvió la vista atrás y supo que recordaría el camino de vuelta. Si caminaba más aprisa podría ir a verlo antes de que sus padres se despertaran. Al llegar a la esquina se sorprendió del tamaño del árbol y sobre todo, de la cantidad de adornos que había sobre él. La casa era la más grande y bonita de todas las que había visto jamás. En la otra esquina del jardín, un Papá Noel de resina iluminaba la nieve sobre la que se deslizaba, pero desde allí no podía ver cuantos renos tiraban del trineo. La curiosidad la pudo y corrió junto a la vaya hasta que pudo contarlos. Jamás había visto algo tan bonito y se tomó su tiempo en observarlo con atención.
De pronto recordó que sus padres estarían a punto de levantarse, así que corrió de vuelta a casa. Un par de manzanas hacia atrás, girar hacia el lado de la calle donde su mano no tenía guante, y ya estaría en casa. Pero algo había cambiado. La calle por la que caminaba ahora no tenía casitas blancas con tejados rojos.
La nieve que no había dejado de caer, lo hacía ahora de forma copiosa. A Noelia no le faltaba el valor, de modo que en vez de asustarse se detuvo a pensar que podía haber fallado para no haber llegado a casa.
- ¡Claro!- se dijo a si misma- cometí un error. En todos los cruces giré hacia el lado que mi mano no tenía guante de modo que a la vuelta debía de haber girado hacia el lado contrario. Además eché a correr como una loca y debí pararme a pensar. Pero no pasa nada, volveré sobre mis pasos hasta que vea el buzón, y desde allí sabré regresar.
La nevada cobraba intensidad, y el aire hacía que casi fuera imposible caminar. La nieve cubría las pisadas con rapidez, y no estaba segura de por donde había ido. Entonces empezó a asustarse. El frío era tan intenso ya, que tuvo que volver a ponerse el guante. De pronto, la figura de un hombre fuerte, apareció a lo lejos. Su madre siempre le había dicho que no hablara con desconocidos, de modo que no sabía que hacer. Por un lado no quería desobedecer más a sus padres, pero por otro, tenía miedo. Así estuvo dudando, hasta que el hombre llegó a su lado.
- ¿Qué haces aquí pequeña?
- Es que me he perdido.
- Con esta ventisca no serás capaz de llegar. Ven conmigo a mi casa que cuando pare el viento te llevaré a la tuya.
- No. Mi mamá me dice que nunca me vaya con desconocidos.- Noelia ahora si tenía miedo.
- Pero morirás de frío.
Dijo cogiéndola fuertemente del brazo. Y Noelia movida por el temor echó a correr sin saber hacia donde, tratando de huir de aquel viejo vagabundo. Al principio el hombre corrió tras de ella, gritándola que parara, pero no le fue difícil dejarle atrás. Noelia se puso a llorar, pues ahora si que no sabía volver a casa. Corrió tan alocadamente delante del hombre, que no se acordó de mirar hacia donde torcía. Estuvo caminando toda la mañana bajo una intensa nevada, y al llegar la tarde su estómago empezó a protestar. Tenía hambre y frío, y sus pies estaban tan doloridos que ya casi no podía caminar. Sin darse cuenta de donde había salido, un niño de su misma edad le salió al paso.
- Hola- le dijo el niño- ¿dónde vas?
- A mi casa, pero no se donde está.
- ¿Te has perdido?
- Si, y tengo hambre y frío.- Dijo Noelia lloriqueando.- Además estoy tan cansada que ya no puedo andar.
- Ven conmigo. Vivo ahí mismo. Te daremos algo de comer y te dejaré mi cama.
- ¿Cómo te llamas?
- Angel, ¿y tu?
- Noelia.
Los dos caminaron entre las últimas calles y cuando salieron del pueblo, Noelia vio algo que jamás había visto. Un grupo de carros rodeaba una gran hoguera. Había mucha gente. Unos cortaban leña, otros trabajaban con los animales, un grupo de mujeres cocinaba mientras otras tendían ropa recién lavada.
- Ángel ¿dónde me has traído?
- Aquí es donde vivimos. Comerás algo, dormirás un rato y esta tarde buscaremos tu casa.
- Hola Angel- les saludó una viejecita- ¿Quién es tu amiga?
- Noelia- dijo ella.
- Magdalena ¿podrías darla algo de comer? Se ha perdido y tiene mucho hambre.
- Por supuesto, algo habrá por aquí.
- ¿Sabes?- dijo Ángel- en un portal, dos calles más arriba, ha nacido un niño. Sus padres son muy pobres, podríamos llevarles algo.
- Deja que Noelia se reponga, y después iremos a verlos.
La abuela Magdalena calentó un poco de leche en el fuego, y echó dentro del cazo unos mendrugos de pan, que al cocerse se fueron poniendo blando. Noelia protesto, diciendo que a ella la leche sólo la gustaba con cacao, pero allí no había y en cuanto lo probó, se olvidó de sus protestas. Después durmió dentro de un carromato lleno de paja y así repuso fuerzas. Un par de horas más tarde, unos cánticos la despertaron y al salir vio que ahora la gente cantaba y bailaba junto al fuego, mientras otros palmeaban haciéndoles corro.
- Noelia- la llamó Ángel al verla salir- ¿qué tal has dormido?
- Bien, ya me encuentro mejor.
- Vamos a llevar unos animales al niño que nació, para que le calienten, y algo para que coman sus padres.
- Pero vosotros ,..., sois pobres ¿Qué les podéis dar?
- Somos gente humilde y nos dedicamos al pastoreo trashumante. Vamos de pueblo en pueblo ganando un poquito aquí y un poquito allá.. No sabemos de letras, pero lo que si sabemos es ayudar al que lo necesita.
La caravana de gente caminaba entre cánticos y risas, como si fueran de fiesta. Unos llevaban ovejas para dejarles su lana. Otros alguna gallina. Una mujer con un vestido rosa, pasó a su lado transportando un cántaro de agua y un borriquillo. Otro llevaba leña y un conejo. Pero sobre todo llevaban respeto y alegría.
- Yo no tengo nada que poder darle.- Se lamentó Noelia.
- Es la Navidad, es momento de estar feliz y compartir lo que tenemos. Todos tenemos algo que poder compartir.
- ¿El qué?
- Tu piensa en algo que tengas. Mira dentro de ti misma, hay algo que vale más que el dinero.
Siguieron caminando y Noelia fue observando a la gente. Una joven mujer llevaba una cesta con huevos y pan. Otros simplemente tocaban sus instrumentos y la abuela Magdalena, que ya había ido a verlos le lavaba los pañales en el río. Cerrando el cortejo, iban tres ancianos sobre caballos, pues apenas podían andar. Noelia le preguntó a Ángel y él le contó que eran los hermanos más mayores.
- Pero uno es negro.
- Es que se quedó huérfano recién nacido y su madre lo adoptó.
- ¿Y por qué van en caballo?
- Para nosotros los gitanos, los hombres más mayores, son como los reyes para vosotros. Se llaman patriarcas y son los hombres más importantes. Son los únicos que van a caballo porque ellos tienen el cargo más alto de nuestra comunidad. El negro lleva hierbas porque dice que su humo lo purifica todo, es como nuestro guía espiritual. Otro lleva un ungüento que le trajeron de Arabia, porque es nuestro curandero. Y el otro es el maestro, los niños son lo más importante para él, y es tan pobre, que para poder darle todo lo que posee, se ha echo arrancar un diente de oro.
Noelia empezó a comprender el significado del espíritu de la gente con la que estaba. Da igual lo pobre que se sea, pues siempre tendrás algo que dar a los demás. Aunque sólo sea tu amor y tu alegría.
En medio del campo, las ruinas de una casa, habían servido de cobijo para la pobre familia. Cuando ellos llegaron descubrió al niño en una cuna de madera. Los animales se habían colocado a su alrededor para calentarle con su aliento. El grupo de gitanos cantaba villancicos, para que el niño no llorara. Y los demás le presentaron sus respetos mientras dejaban lo poco que tenían a sus pies. Noelia se acercó a besar al niño y pudo notar el calor de los resoplidos de los animales. Se sentó junto a ellos para escucharles cantar y el calor de los animales y del fuego la hicieron amodorrarse. De pronto escuchó el ladrido de un perro. Al abrir los ojos un animal la lamía la cara. Y cuando este se retiró pudo ver al viejo que la había perseguido por la mañana. La estaba tapando con su propio abrigo.
- ¿Qué hace? Suélteme. ¿Dónde están Ángel y Jesús?
- Aquí no hay nadie, pequeña. Pero tus padres están muertos de miedo, buscándote por todas partes.
Cuando Noelia vio a sus padres, comprendió lo asustados que habían estado. La abrazaron y besaron entre llantos y sólo cuando vieron que no la había pasado nada, la regañaron por haber salido sola de casa. Ella prometió no volver a hacerlo más, pero no era suficiente, debía demostrar que en verdad no lo haría. La llevaron a casa y después de un baño caliente, su madre la preparó una buen tazón de cacao caliente, con galletas de chocolate.
- No mama, no quiero esto, quiero cachitos de pan duro, cocidos en leche azucarada.
- ¿Qué? Tu jamás has comido eso.
- Si mamá, me lo dio la abuela Magdalena.
Nadie creía su historia. El señor que la encontró intentó buscarle una explicación. <<Mi perro salió a buscarla y cuando llegó la debió encontrar dormida en la nieve. Se tumbó encima de ella, para que su cuerpecito no se enfriara más. Por eso ella recuerda el calor de los animales y sus resoplidos.- Explicaba el viejo- Si se da cuenta, todos los pastores que ella describe, son como las figuritas de su nacimiento. Los villancicos pudo escuchar los que pusieron en el altavoz de la iglesia, para evitar que se alejara del pueblo. Pero a lo que no encuentro una explicación posible, es a lo de la leche cocida con cachitos de pan.>>
Varios días después Noelia seguía dando como cierta su explicación, no la del viejo. Tanto que mandó otra carta a los reyes magos diciéndoles, que los regalos que le había pedido en su otra carta, ya no los quería. Que ahora solo quería un diente de oro para un viejo que conocía. Sus padres la llevaron a ver la cabalgata de los reyes, y pidió acercarse a darle la carta personalmente. Cuando ella le explicó la historia, el rey mago que la sujetaba sonrió emocionado y ella vio un hueco tras su colmillo. Ella le chistó y guiñándole el ojo le dijo.
- Dile a Ángel, que ya se que tengo para compartir con los demás, mi felicidad.
- ¿La felicidad?- Preguntó el rey sin saber a lo que se refería.
- Si, porque hay muchos mayores a los que no les gusta la Navidad, porque no la entienden. Cuando vi la sonrisa de Jesús, comprendí, que la Navidad es el momento del año en que es necesario ver la sonrisa de un niño. Así que voy a regalarles a todos los mayores las mejores sonrisas que tenga.
A la mañana siguiente Noelia recibió los juguetes que había pedido en su primera carta. Y una nota en la que explicaba que los regalos los había recibido por su gran corazón, por compartir lo que tenía. Que no se preocupara porque ellos harían que el viejo recibiera su diente. No se quedó muy convencida ¿Y si los reyes no encontraban al viejo? Mientras jugaba un grupo de gente cantaba villancicos en la calle, miró por la ventana y vio un destello dorado. No la hizo falta más, supo que los reyes habían cumplido su prometido. Noelia volvio a sonreír.



